2-2-21
Hace un par de días, un ejercicio comunitario en el que los tamales, que al lado de las arepas y los sancochos por su variedad y deleite son semidioses de la gastronomía colombiana, fueron el centro de una actividad que contó con el apoyo y difusión de la administración municipal, y en el que amantes de la sazón y la comida pudimos comprar a buen precio un desayuno de lujo en domingo, lo que permitió al final de la jornada expresar unas cifras de ventas y el éxito de un ejercicio de reactivación económica.
¡Eso no sirve de nada! ¡esos tamales no suman a la necesidad de la reactivación!, y otro tipo de voces desacordes comenzaron a ensombrecer el que sin duda fue un éxito de los organizadores y copatrocinadores. Menos mal no dijeron nada de lo tamales, porque el pecado fuera mayor.
Para trazar un camino de reactivación económica, es necesario plantear tres niveles de acciones: la que es “para ya”, la de “entre un rato”, y la que es “para después”. Que es lo mismo que la acción inmediata e inyección básica, la que es para recuperar confianza en la cadena inversores – productores – consumidores, y la que es estructural que permite sostener el crecimiento.
Desconocen esas voces que una economía no está formada, y menos bajo el sol del trópico, solamente de corporaciones e índices de bolsa; sobre el tema hay respetados autores que han desarrollado lo que se puede llamar relaciones de cooperación, como una forma más a tener en cuenta. Voy a traer a colación del Profesor Yochai Benkler, autor de un ingenioso libro publicado por Deusto que tituló “El pingüino y el Leviatán: Cómo la cooperación triunfa sobre el egoísmo”, un aparte del texto de su autoría “The Wealth of Networks: How Social Production Transforms Markets and Freedom” (La riqueza de las redes: cómo la producción social transforma los mercados y la libertad), en el que expresa:
“Es un error pensar que tenemos sólo dos formas transaccionales libres básicas: mercados basados en la propiedad y empresas organizadas jerárquicamente. Tenemos tres, y el tercero es la contribución e intercambio social. Es un fenómeno generalizado, lo vivimos y lo practicamos todos los días. Con los miembros de nuestra familia, compañeros de trabajo y vecinos. Coproducimos e intercambiar bienes y servicios económicos. Pero no los contamos en el censo económico”.
Los esfuerzos cooperativos, que a la ligera pueden parecer nimiedades y bagatelas, resultan ser parte del sistema económico, y como tal aportan al mismo en sus dimensiones y proporciones. Es necesario entender que el dinero no es estático; este se transforma, de manera que, de esos ingresos generados en actividades como esa venta de tamales, o los mercados campesinos, o las ferias y fiestas patronales de cualquier pueblo, así como el emprendimiento familiar que vende helados, o chuzos, o comercia gafas de sol y cosas de playa, hay unos remanentes que permiten la supervivencia y el autoempleo.
La cifra de informalidad dada por el DANE para el último trimestre del año 2020, y que podría reforzar un poco más el argumento acerca de lo valioso de estas iniciativas, que son una muestra de trabajo informal pero con un componente social y comunitario, lo que desde mi punto de vista les agrega aún más valor, son que en el trimestre móvil septiembre – noviembre 2020, la proporción de ocupados informales fue 48,7%, lo que significó un aumento de 1,5 puntos porcentuales respecto al mismo trimestre móvil de 2019, que fue de 47,2%.
Esas cifras del rebusque legal, o eso que se traduce de las cifras de informalidad laboral a lo que genera la economía informal, por supuesto hacen parte de las que no se puede calcular de manera oficial, pero economistas como los Nobel Ester Duflo y Abhijit V. Banerjee, de quienes estoy terminando de leer “Repensar la pobreza”, concluyen sobre ellas que son considerablemente importantes, pues de otra manera no podría soportarse los niveles de pobreza en el mundo.
Finalmente debo anotar que encontré, en el ejercicio de escribir este artículo y gracias a mi amigo el politólogo Guillermo Asprilla, a quien consulté, la memoria de Michael Tomasello, quien establece que es natural entre los humanos que nos colaboremos, y que es precisamente lo que permitió que desarrolláramos sistemas sociales tan complejos como los que tenemos.
Y es importante mencionarlo, pues con eso quiero apagar del todo la estridencia de esas voces, pues no solo se equivocan al menospreciar la importancia de esos esfuerzos de gestión de la economía local, sino que también desdeñan equivocadamente el poder que reside, y que sí que necesitamos en estos momentos, en la solidaridad y la cooperación.
BORIS F. ZAPATA ROMERO



