En «The Rise of the Rest: Why Startups Outside Silicon Valley Matter» (El ascenso del resto: por qué importan las startups fuera de Silicon Valley), publicado por la Harvard Business Review en el 2018, su autor el cofundador de AOL Steve Case, se centra en la importancia del emprendimiento tecnológico en ciudades y regiones más allá del famoso Silicon Valley en los Estados Unidos. Case argumenta que hay un «ascenso del resto» de emprendedores tecnológicos en lugares como Austin, Detroit, Nashville, entre otros, y discute cómo la tecnología ha hecho posible que los emprendedores construyan empresas de base tecnológica en cualquier lugar, logrando tener un gran impacto en la economía local, la creación de empleo y la innovación.
Steve Case, que afirma estamos en la tercera ola de la revolución digital – lo menciona en otra de sus obras «The Third Wave»- en la cual las tecnologías de la información y la comunicación se integran en todos los aspectos de la sociedad, transformando industrias enteras y creando nuevas oportunidades para la innovación y el emprendimiento.
Por extensión, el «ascenso del resto» se refiere al hecho de que cada vez más regiones del mundo están creando y fortaleciendo ecosistemas de innovación y emprendimiento, lo que hace que la creación de empresas y el desarrollo tecnológico sea cada vez más descentralizado y diverso en términos geográficos, y – agrego yo- también en términos de diversidad e inclusión.
En Colombia por ejemplo, hay un creciente ecosistema de emprendimiento que está utilizando la tecnología para crear modelos de negocio. Estos Servicios Basados en Conocimiento (SBC) son un sector de la economía, que incluyen actividades como la tecnología de la información, el software, la investigación y el desarrollo, y la consultoría, y según el Banco Interamericano de Desarrollo, en 2019 el sector de los SBC representó el 2,6% del PIB nacional, con un valor agregado bruto de US $12.500 millones.
Sin embargo, históricamente el «status quo» del conocimiento y del ámbito político, empresarial o social, tiene una resistencia al cambio y a la disrupción de las normas y prácticas establecidas, especialmente si estos cambios son impulsados por grupos marginados o minorías, que en este país puede sumar regiones enteras, como el litoral pacífico, el territorio insular o regiones como el Alto Sinú, el Catatumbo o la Orinoquía.
Hay muchos autores que se han referido a la transformación social a través de la transformación tecnológica, pero me quiero centrar en Manuel Castells, un sociólogo español que ha escrito ampliamente sobre la relación entre la tecnología y la sociedad en la era de la información, en trabajos como «La Sociedad Red”.
Este es un libro que se divide en tres volúmenes, cada uno abordando diferentes aspectos de la sociedad red; explora el autor en el primero, cómo las identidades individuales y colectivas están siendo transformadas por la tecnología dando lugar a nuevos movimientos sociales y políticos; seguido analiza cómo la economía global está siendo transformada por la tecnología de la información generando nuevas formas de capitalismo y una creciente desigualdad económica; y finalmente, reflexiona sobre los desafíos que estos cambios culturales y políticos plantean para la democracia y el individuo.
En el segundo volumen de La Sociedad Red, “El poder de la identidad”, Manuel Castells argumenta que la tecnología de la información ha dado lugar a nuevas formas de capitalismo, como el capitalismo informacional, el capitalismo global, o el “capitalismo de redes”, al que me quiero referir para ir cerrando la idea inicial.
El capitalismo de redes es una forma de capitalismo que se basa en la interconexión de empresas, instituciones y personas a través de la tecnología de la información y las redes de comunicación. En este tipo de economía, el valor se crea a través de la colaboración y la cooperación entre las empresas, en lugar de la competencia. Esto último significa que se puede crecer más, compitiendo menos, compartiendo más. Es decir, el término ecosistema como un todo que se complementa conscientemente.
En Colombia, a pesar que se cuenta en los últimos años con un importante crecimiento en la penetración de internet – según el DANE, se pasó del 27,3% al 62,9% de los hogares colombianos con acceso a Internet, entre 2010 y 2020- y en el uso de tecnologías de la información – en 2010, solo el 15% de la población utilizaba las redes sociales, mientras que en 2020, el porcentaje aumentó al 66%, según un informe de We Are Social y Hootsuite-, el desarrollo del capitalismo de redes aún es incipiente.
Por supuesto que hay algunas organizaciones, especialmente en ciudades como Bogotá y Medellín, que están utilizando tecnologías de la información y la comunicación para crear nuevas soluciones y modelos de negocio. Además, debe decirse, que existen fuera de estas dos ciudades programas y eventos que impulsan la colaboración y el networking entre las empresas sus ecosistemas, lo cual puede ser visto como un avance hacia la consolidación del capitalismo de redes en el país. Pero existen aún muchos desafíos para sortear y poder ser parte del fenómeno del “ascenso del resto” en Colombia.
Entre estos desafíos de competitividad se encuentran la brecha digital, la falta de infraestructuras tecnológicas adecuadas en algunas regiones – por ejemplo, en velocidad promedio de descarga estamos debajo del nivel de la OCDE, que se ubica en 119 Mbps, frente a los 54,75 Mbps que logró Colombia en el 2002, según el informe de velocidad de Internet de Ookla- y la falta de políticas públicas adecuadas para impulsar la innovación.
El secreto tal vez está en retarnos a que el «ascenso del resto» se consolide bajo la lógica de retar el «status quo», de manera que tanto el sector público, la academia, el sector privado y la sociedad civil organizada, trabajen juntos en la creación de un escenario favorable para la innovación y el emprendimiento, y permitan un ambiente propicio para el desarrollo de ecosistemas innovadores y productivos en el país.
Boris F. Zapata Romero



