1-12-21
La felicidad siempre ha estado de moda; si uno revisa autores clásicos, filósofos y estudiosos del comportamiento humano, desde siempre este tema ha sido parte de la agenda. Sin embargo, hoy la posibilidad que brindan los medios de comunicación y la redes de conocer de primera mano lo que ocurre y de que se está hablando, hace más visible un tema como este, sobre el que algunas de las Universidades más prestigiosas del mundo, investigadores y generadores de opinión han ocupado páginas y portadas en el Time, The Economist y revistas científicas de primer nivel.
Por supuesto, como todo tema que sea trae a colación genera controversias, que en general inician cuando se sugieren diversas formas de entenderlo y conceptualizarlo; para este artículo, traigo el de la investigadora de psicología positiva Sonja Lyubomirsky, que en su libro de The How of Happiness (El cómo de la felicidad, 2007), describe felicidad como «la experiencia de alegría, satisfacción o bienestar positivo, combinada con la sensación de que la vida de uno es buena, significativa y valiosa».
La felicidad no escapa al ámbito de lo empresarial y lo productivo. De hecho, cada vez hay más literatura que refuerza la convicción respecto a que se debe buscar la “felicidad”, como una forma de apalancar la productividad.
Hay una agencia de publicidad llamada 72andSunny, que amerita una mirada; se ha hecho famosa gracias a que desde el inició de sus operaciones incluyó en su equipo a una “Coach de vida”, que apoya permanentemente a los empleados tanto desde lo personal como desde lo laboral, y que además sumó el concepto “do Good” – hacer bien- a sus valores corporativos, que lograr transmitir a marcas con las que trabaja, tan importantes como Adidas, Samsung, o la empresa que se convirtió en uno de los casos de estudio preferido para quienes gozamos con la estrategia de negocios: Starbucks.
Entre los estudios que exaltan la importancia de la felicidad como un camino a la productividad, están el contenido en la revista de negocios de Harvard, titulado The Value of Happiness, How Employee Well – Being Drive Profits (El valor de la felicidad: cómo el bienestar de los empleados impulsa las ganancias, 2012), en el que se encontró que los empleados son más productivos y con ello apalancan mejoras en sus empresas si son felices, o el que adelantó la Saïd Business School de la Universidad de Oxford, sobre 1800 trabajadores de una empresa de telecomunicaciones británica, y que encontró que siendo felices eran un 13% más productivos.
En general, los detonantes de la felicidad respecto al trabajo están determinados por sí se siente el trabajador respetado y valioso dentro de la organización, si tiene los elementos básicos para desarrollar sus actividades, incluyendo los que le brinden seguridad, sí tiene superiores que valoren y respeten tanto su desempeño como a ellos como personas, y todas aquellas que tienen que ver con la posibilidad de crecer, sea a través de del estudio, o de la posibilidad de ascensos y mejoras dentro de la organización, no importa que sean a corto plazo.
Habiendo un claro, hay un oscuro. Así que tenemos también estudios muy serios respecto a si es sana la obsesión por sentirse feliz, y si hay un “grado incorrecto” de felicidad.
“¿Un lado oscuro de la felicidad? Cómo, cuándo y por qué la felicidad no siempre es buena”, artículo publicado en la revista “Perspectives on Psychological Science” en mayo del 2011, elaborado por June Gruber, Iris B. Mauss y Maya Tamir, concluye que si bien la búsqueda y la experiencia de la felicidad es vista como un sello distintivo de la salud psicológica, puede tomarse como algo similar a la forma como la comida, que si bien nos permite prosperar físicamente -como la felicidad prosperar psicológicamente- no siempre nos cae bien -por exceso, calidad, u algún tipo de predisposición-, de manera que es posible que experimentar felicidad en el momento equivocado, perseguir la felicidad en los caminos equivocados, y experimentar los tipos equivocados de felicidad, pueda llevar a consecuencias dañinas.
Por ejemplo, uno de los que dan a llamar en ese estudio “tipos de felicidad”, que son negativos en los procesos sociales, es el orgullo arrogante. Es el que aparece al sentirse feliz por un logro, puesto, adquisición o condición, con un estándar mórbido. Dice el documento, que varios estudios revisados por los autores sugieren que el orgullo arrogante está asociado con consecuencias sociales negativas, como agresividad hacia los demás, comportamiento antisocial y daño a las relaciones estables y de largo plazo.
Otro tema que surge es, cuándo y porqué somo felices. Esta establecido por esas investigaciones, que al llegar a cierta edad, que ronda los 40 años para las mujeres y los 30 para los hombres, entramos en un estado de menor felicidad. Para mí se explica en la frase del poeta Benedetti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Son momentos de la vida en los que nos damos cuenta que creíamos que teníamos todo claro, pero vemos que hay un más allá, inexplorado y con vacíos, y por su puesto con dudas e incertidumbres.
Afortunadamente concluyen que todo pasa, y que lo único que puede realmente allanar esos miedos que nos hacen infelices, no son las cosas efímeras sino las cosas estables, de manera que esa felicidad que ronda entre lo personal y lo laboral, debe ser equilibrada entre quiénes somos y qué queremos.
En lo particular, creo que hay una sobrevaloración de la felicidad – flash, entendida como esa sensación qué es un pico de alegría y revoltijo de emociones, en contra de aquella que se refleja en la felicidad – bienestar; esta última también tiene esas sensaciones de cosquilleo y agrado, siendo mucho más significativas y de largo plazo, como lo plantea la definición de la Dra. Lyubomirsky. Es la enorme diferencia entre comer una gran barra de chocolate, y ese fabuloso y bello eterno segundo de ver la sonrisa de quien amamos.
BORIS F. ZAPATA ROMERO



