7/12/22
Empresas y emprendedores, afrontan hoy más que nunca el desafío de crear nuevos modelos de negocio. Bajo este planteamiento, se viene motivando a las organizaciones a generar modelos operativos que les permitan crear valor compartido, aprovechando las posibilidades que ofrece la diferenciación competitiva, que reside en las iniciativas, las estrategias, las tecnologías, los procesos de innovación y el talento humano.
Teniendo en cuenta lo anterior, la innovación y la transformación tecnológica, son los dos puntales para este modelaje de nuevos negocios; y ojo, su valía radica en que es un enfoque que se puede aplicar de forma transversal a la realidad de todas las empresas, incluyendo emprendimientos, Pymes o iniciativas sociales, y en que su impacto es tan variado como organizaciones hay.
Por ejemplo, la implementación de tecnologías en la operación, en especial las digitales, no sólo permite crear productos y/o servicios más innovadores, sino que puede contribuir igualmente a la generación de procesos productivos más eficientes y con ello la transformación de modelos organizacionales y de mercadotecnia para la empresa.
De acuerdo con una revisión efectuada por los investigadores Crupi, Del Sarto, y Di Minin, el impacto de las tecnologías digitales y los procesos de cambio asociados a su implementación permite a las Pymes lograr y mantener una ventaja competitiva. Adicionalmente, las Pymes inmersas en procesos de innovación y transformación digital, logran desarrollar procesos de innovación abiertos y horizontales, con una habilidad propia de quien conoce sus oportunidades, así como sus limitaciones frente a competidores más grandes.
La pandemia, que aun arroja sus sombras, nos ha hecho más conscientes de las brechas estructurales y de los retos de competitividad, por eso es tan importante el llamado tanto de la Misión de Sabios como de la Misión de Internacionalización, esto es, la necesidad de que Colombia haga una apuesta por la ciencia, la tecnología y la innovación CTI, para evitar rezagos fundamentales de productividad en el entorno global, y enfrentar los retos sociales y ambientales existentes, adaptando y adoptando tecnologías en el sector productivo y la sociedad en general.
Los bajos niveles de inversión en investigación y desarrollo I+D de Colombia frente a la región y el mundo, han sido un común denominador a lo largo del tiempo, tanto en el nivel nacional, como en municipios y departamentos. Según las cifras más recientes del Observatorio de Ciencia y Tecnología, el país alcanzó en 2021 un nivel de inversión en I+D de 0,26 % del PIB, que es similar al observado en 2020, de 0,24 % del PIB. En particular, la inversión en I+D pública en Colombia en 2021, fue de 0,11 % del PIB, y la del sector privado, de 0,14 % del PIB.
Debe anotarse también, que cada vez es más clara una mayor voluntad en el tema, y es así como en la nueva hoja de ruta para la CTI contendida en el CONPES 4069, se plantea la necesidad de incrementar la financiación, y superar las desigualdades como las de acceso a internet y tecnologías digitales.
Es increíble la distancia de las realidades dentro del mismo país en lo interregional; mientras que en Bogotá y el Valle del Cauca, alrededor del 80 % de los hogares cuenta con acceso a Internet, en 17 departamentos del país menos del 50 % de los hogares tiene acceso. Pero incluso, estos mundos paralelos se dan intra municipalmente.
En 2021, según la Encuesta de Tecnologías de la Información y la Comunicación ENTIC del DANE, en el total del país el 60,5 % de los hogares tiene internet, pero hay una variación sustancial entre los que se encuentran ubicados en cabeceras municipales con un acceso a internet del 70 %, mientras que en lo rural la cifra es del 28,8 %.
Y el tema no es menor, porque este tipo de diferencias incide en cuestiones claves para el desarrollo del país y el bienestar de nosotros los colombianos, como la permanencia en la escuela. El índice de pobreza multidimensional del DANE, muestra que cuanto mayor sea la brecha urbano-rural de tenencia de internet, mayor es la brecha urbano-rural en el indicador de inasistencia escolar. Así que a todas las formas de desigualdad que debemos vencer, debemos sumar la desigualdad digital.
Para finalizar, debo anotar que coincido con el estudio del Consejo Privado de Competitividad y Swisscontact, en cuanto a que se requieren ejercicios más granulares que permitan comprender con mayor profundidad la relación entre competencia e innovación.
Esa comprensión, nos permitirá encontrar objetivos comunes que consientan romper las barreras de la informalidad y la improductividad, para cimentar con solidez una arquitectura de competitividad, en la que toda esa capacidad y creatividad que tenemos, se convierta en nuevos modelos de negocios, y nuevas formas de generar desarrollo sostenible.
BORIS F. ZAPATA ROMERO
Consultor en Competitividad y Desarrollo



